miércoles, 26 de septiembre de 2012

Otiñar, los ojos del tiempo


A unos 9 kilómetros de Jaén en la Sierra Sur camino del pantano del Quiebrajano se encuentra el Barranco de la Tinaja, un impresionante desfiladero rodeado de grandes paisajes y en el que se puede practicar desde senderismo hasta escalada por sus ancestrales piedras escalonadas. 


Comenzando nuestro paseo, a unos 50 metros de la carretera en el citado desfiladero podemos ver unas cuevas, testigos de los posibles primeros pobladores de estas tierras, que dejaron su huella con petrogrifos y otras figuras talladas en la piedra que se encuentran en perfecto estado de conservación (datadas entre 2000 y 1500 a.c), pensamos que quizás nos encontremos ante lo que pudo ser antaño catedral paleolítica, hoy en día refugio de pastores y regocijo de visitantes. Seguimos adelante de nuevo en el camino, por un cañón cada vez mas estrecho, y, al final del cañón, a la derecha vislumbramos por primera vez en la altura solitario y silencioso, 

el castillo de Otiñar. Caminamos por un camino plácido por el trasiego de personas y animales hasta llegar a su fin, perdiéndose este entre las piedras que forman los cimientos de la fortaleza. En este tramo mucho mas escarpado saltamos, y nos escurrimos a la vez que pensamos que si en su tiempo tenia el mismo acceso o este se había perdido. Rodeamos la muralla de norte a sur dejando a nuestra derecha la majestuosa estampa de su imponente torre del homenaje hasta llegar a su entrada. 

Por las Ordenanzas de 1.464 se sabe que la alcaidía de Otíñar estaba dotada con 8.000 maravedís anuales y tenía la obligación de tener en el castillo tres hombres y no menos que serían menester para la guardia y defensa del; los dos que estuviesen de continuo en el dicho castillo sin salir del por ninguna cosa y el otro que fuese y viniese a la ciudad y saliese a cazar y ballestear carne que comiesen. Este castillo era el centinela del camino de Granada (que cruzaba la sierra por la hoy conocida Cañada de las Hazadillas), sirviendo de comunicación con el Castillo de Santa Catalina, apoyándose asimismo del torreón y atalaya de Torre bermeja, junto a las Peñas de Castro. Durante la Reconquista 

se le dotó de alcaldía, surgiendo al amparo de la fortaleza un núcleo de población que poseía incluso parroquia (siglo XIV). Al acabar la reconquista se abandonó, liquidándose administrativamente la población y agregándose la Alcaldía al Castillo de Santa Catalina y su parroquia a la del Salvador, en el mismo castillo. El elemento más característico de este recinto, es su torreón principal, que alcanza los 20 metros de altura y 6 de lado. Posee varias estancias cubiertas de bóveda ojival y cuenta con torreones defensivos y algunos aljibes. 

Ubicado en un lugar estratégico desde el que se domina todo el valle, en la ladera que da a la carretera presenta una escarpada e inaccesible pared. Fernando III de Castilla llegó a arrasar el pequeño núcleo de población existente en Otiñar, en sus correrías por la provincia de Jaén en 1228, consciente de su estratégica posición como puesto de control de la ruta hacia Granada. Tras la conquista de la ciudad de Jaén en 1246, la aldea se convirtió en un punto crucial para la 


vigilancia de la nueva zona fronteriza con el reino de Granada, motivo por el cual se inició la construcción de un pequeño castillo de frontera, comunicado visualmente mediante señales de humo y fogatas con otras fortificaciones cercanas a la ciudad, como la Torre Bermeja en las Peñas de Castro o el Cerro del Zumbel, hasta llegar así al castillo de Jaén. 
Otiñar, abrigo natural del neolítico, asentamiento romano, frontera musulmana, poblado medieval y aldea abandonada en el presente, testigo mudo de la historia, zona protegida por su alto valor como bien de interés cultural, en la actualidad abandonado a la suerte del hombre y su incultura, donde puedes encontrar un alegato de amor acrílica al dios griego Eros que garabatea “Amo a Laura” al lado de una Venus tallada en la roca con más de 3000 años de antigüedad. 



Uno de los lugares más sorprendentes y misteriosos de Jaén, con un abrigo rocoso de dimensiones colosales, en él, los más primitivos jiennenses dejaron hasta 27 círculos concéntricos tallados en la roca y aun nivel más bajo una figura femenina, la legendaria Venus de Otiñar de la que sólo es posible distinguir el vientre y los muslos. Los milenarios relieves datados entre el 2000 y el 1500 antes de Cristo y el pórtico natural que los cobija, autentica catedral paleolítica son uno de los sitios prehistóricos y esotéricos de la Sierra de Jaén.
                                                     
                                                                            

Fotografia:
M.A. Calahorro para AEP

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